Experta explica qué hay detrás de uno de los exámenes más solicitados en medicina y advierte sobre los errores más comunes al interpretar sus resultados.

La prueba de TSH —siglas en inglés de Thyroid Stimulating Hormone o hormona estimulante de la tiroides— es hoy uno de los análisis de laboratorio más frecuentes en la práctica clínica.
Sin embargo, su interpretación va mucho más allá de un número en un papel. Así lo advierte la doctora Melba Feliciano, endocrinóloga y presidenta de la Sociedad Puertorriqueña de Endocrinología y Diabetología (SPED), durante una entrevista exclusiva con la revista Medicina y Salud Pública, quien insiste en que este examen debe leerse siempre en conjunto con la historia clínica del paciente.
La TSH es producida por la glándula pituitaria y viaja a través del torrente sanguíneo para estimular a la tiroides a producir sus hormonas. Cuando la tiroides funciona bien, esas hormonas le "avisan" a la pituitaria que puede dejar de estimularla. Este mecanismo, conocido como retroalimentación o feedback, es el que permite detectar desequilibrios.
"Si tenemos suficiente nivel de hormona tiroidea, esto va a inhibir el factor estimulador de la tiroides porque no necesita seguir estimulándola", explica la doctora Feliciano. Por el contrario, cuando la glándula no produce suficiente hormona, la TSH sube como señal de alerta.
Una TSH elevada puede acompañarse de un cuadro clínico reconocible: cansancio, intolerancia al frío, estreñimiento, caída del cabello, piel seca y, en mujeres, alteraciones en el ciclo menstrual. En el extremo opuesto, una TSH suprimida puede indicar hipertiroidismo, cuyos síntomas incluyen ansiedad, temblores, sudoración excesiva, irritabilidad y pérdida de peso.
No obstante, la especialista advierte que los síntomas no siempre son evidentes. "Hay ocasiones en que el paciente puede tener un TSH elevado y estar asintomático, porque ese TSH está comenzando a subir y el paciente todavía tiene una glándula que produce hormona tiroidea".
Uno de los hallazgos que más sorprende a los pacientes es que un suplemento tan común como la biotina —ampliamente consumida para fortalecer el cabello y las uñas— puede alterar los resultados de la prueba.
"Siempre tenemos que tener en mente el efecto de otras sustancias como la biotina en la alteración de los valores", señala la doctora Feliciano, quien recomienda suspender su consumo entre cuatro y siete días antes de repetir el examen para obtener resultados más confiables.
Durante la gestación, la interpretación de la TSH requiere especial cuidado. Los valores normales varían por trimestre y una alteración no detectada puede tener consecuencias serias tanto para la madre como para el bebé, incluyendo mayor riesgo de aborto y afectación del desarrollo cognitivo del recién nacido.
"Es muy importante que se mantenga menos de 2.5", precisa la doctora Feliciano sobre el valor de TSH recomendado durante el embarazo, y subraya la necesidad de monitoreo constante, especialmente en el tercer trimestre, cuando los requerimientos de hormona tiroidea aumentan.
También llama la atención sobre la tiroiditis posparto, una condición frecuentemente confundida con psicosis posparto. "Muchas de estas tiroiditis posparto se consideran como psicosis posparto y realmente no son otra cosa que una inflamación tiroidea que comúnmente ocurre tras el parto".
Quizás el mensaje más importante de la doctora Feliciano es este: un resultado de laboratorio aislado nunca cuenta la historia completa.
"Nosotros no podemos determinar la función tiroidea de una persona solamente mirando un TSH. Definitivamente hay que tocar el cuello, hay que examinar al paciente clínicamente", afirma. Y añade una advertencia sobre el sobretratamiento en adultos mayores: "A menos que el paciente tenga síntomas, no vas a tratar un TSH de 5, de 6, de 7".
Para esta especialista, la tiroides merece un lugar central en la atención médica a cualquier edad. "Yo le llamo la glándula misteriosa", concluye, "porque podemos ver tantas cosas en una misma glándula".