Hipotálamo, grelina y microbiota: Así explica la medicina por qué la obesidad no se cura solo con dieta

Experta desmonta los mitos más arraigados sobre la obesidad y explica por qué tratarla sigue siendo uno de los mayores desafíos de la salud pública del siglo XXI.

Laura Guio

    Hipotálamo, grelina y microbiota: Así explica la medicina por qué la obesidad no se cura solo con dieta

    Desde 1975, la prevalencia de obesidad se ha triplicado a nivel global. Hoy, aproximadamente el 26% de la población mundial tiene diagnóstico de esta enfermedad crónica, que va mucho más allá del peso o la estética: se vincula a más de 200 patologías, entre ellas diabetes, enfermedades cardiovasculares y algunos tipos de cáncer.

     La doctora Eleonora Vizcaíno, médico internista y subgerente médico de la Clínica La Colina, explica en una entrevista exclusiva de la revista Medicina y Salud Pública, las claves científicas de esta epidemia silenciosa.

    Durante décadas, la obesidad fue tratada como un problema de voluntad individual: comer menos, moverse más. Esa visión simplista está siendo desmantelada por la ciencia. 

    Hoy, la Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que cerca del 60% de las personas en el mundo tiene sobrepeso u obesidad, y 1 de cada 8 ya padece esta condición. En Colombia, la tendencia va en aumento, y los niños entre 5 y 19 años no escapan a ella: su prevalencia de obesidad oscila entre el 8 y el 20 por ciento.’'

    El cerebro, las hormonas y su relación con la obesidad

    Uno de los cambios más importantes en la comprensión de la obesidad es reconocer que no se trata de un simple desequilibrio entre lo que se come y lo que se gasta. La especialista explica que intervienen la genética, el medio ambiente y, fundamentalmente, mecanismos hormonales y cerebrales complejos.

    "El cerebro a nivel del hipotálamo es el órgano que controla todo, controla la saciedad y controla el hambre, y esto se debe a que hay muchas hormonas que son orexígenas, que son las que nos dan hambre [...] hay hormonas anorexígenas que le dicen al cerebro ya estoy lleno, mis niveles de energía están adecuados o hay un exceso de tejido adiposo en el cuerpo," según afirmó la Dra. Vizcaíno

    Entre esas hormonas destacan la grelina —producida en el estómago y promotora del apetito— y la leptina —generada en el tejido adiposo, que envía señales de saciedad—, así como el GLP-1 (glucagón péptido 1) a nivel intestinal. En personas con obesidad, estas señales están desreguladas, lo que genera más hambre, menor sensación de llenura y mayor acumulación de grasa corporal. "Eso no se trata solamente de fuerza de voluntad", advierte la doctora.

    Más allá del índice de masa corporal: La composición corporal

    La ciencia también ha transformado cómo se diagnostica la obesidad. El índice de masa corporal (IMC), históricamente el referente principal, ya no es suficiente. La doctora Vizcaíno señala que una persona puede tener un IMC aparentemente normal y aun así presentar obesidad visceral, es decir, exceso de grasa acumulada en torno a los órganos internos, con alto riesgo metabólico.

    "Ojalá las mujeres tengamos menos de 80 centímetros en la medida de cintura y los hombres menos de 90. [...] Nosotros podemos tener un índice de masa corporal en sobrepeso o casi normal, pero cuando hacemos la composición corporal vemos que el paciente sí tiene obesidad y tiene obesidad a nivel visceral." 

    Herramientas como las impedanciometrias o las densitometrías tipo DEXA permiten medir con mayor precisión el porcentaje de grasa, músculo y agua en el organismo, ofreciendo una imagen más completa del estado metabólico del paciente.

    La microbiota intestinal: Una clave aún por descifrar

    Otro frente de investigación apunta al papel de la microbiota intestinal —el conjunto de bacterias, virus y microorganismos que habitan el tracto digestivo— en la regulación metabólica. La doctora Vizcaíno explica que el consumo de alimentos ultraprocesados y comidas rápidas altera esta microbiota, lo que a su vez distorsiona las señales hormonales hacia el cerebro y favorece la acumulación de tejido graso.

    De acuerdo a la Dra. Eleonora, "vivimos en un ambiente obesogénico donde hay muchos alimentos ultraprocesados, por múltiples químicos, alimentos no naturales que dañan nuestras bacterias naturales que tenemos a nivel intestinal y esto hace que las señales que van al cerebro por medio de las hormonas se alteren y no haya una señal adecuada a nuestro hipotálamo." 

    Prevención: Un mensaje que empieza en la infancia

    Frente a este panorama, la doctora Vizcaíno insiste en que el abordaje de la obesidad debe ser integral y personalizado: alimentación saludable, actividad física programada, sueño reparador, eliminación de tóxicos como el tabaco y el alcohol en exceso, y evaluaciones periódicas del estado metabólico.

    "Lo más importante y el mensaje más importante es que la prevención comienza desde la infancia." Con cifras que no dejan de crecer y consecuencias que tocan casi todos los sistemas del organismo, la obesidad se consolida como uno de los mayores retos de la salud pública del siglo XXI. La ciencia avanza, los tratamientos mejoran, pero la clave sigue siendo la misma: actuar antes de que el problema se instale.


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