Una declaración científica de la American Heart Association concluye que el consumo moderado de cafeína, principalmente a través del café, se asocia con un menor riesgo de enfermedad coronaria, insuficiencia cardíaca, accidente cerebrovascular y fibrilación auricular. Sin embargo, advierte sobre los posibles efectos adversos de las bebidas energéticas y las altas dosis de cafeína.

La cafeína, consumida de forma moderada, podría formar parte de un estilo de vida saludable para la salud cardiovascular, según una nueva declaración científica de la American Heart Association (AHA), publicada en la revista Circulation. El documento revisa la evidencia disponible sobre la relación entre la cafeína y diversas enfermedades cardiovasculares, así como factores de riesgo como la hipertensión, la diabetes y los niveles de colesterol.
La cafeína es una de las sustancias psicoactivas más consumidas en el mundo y se encuentra de forma natural en productos como el café, el té y el cacao, además de estar presente en bebidas energéticas, suplementos y algunos medicamentos.
Según la revisión, la mayoría de los estudios realizados en humanos han analizado principalmente el consumo de café, por lo que muchos de los efectos observados podrían atribuirse no solo a la cafeína, sino también a otros compuestos bioactivos presentes en esta bebida.
Los investigadores destacan que el consumo moderado de café se asocia con un menor riesgo de enfermedad coronaria, insuficiencia cardíaca, accidente cerebrovascular, hipertensión arterial y diabetes tipo 2. Además, diversos estudios han mostrado una reducción de la mortalidad general entre quienes consumen café de forma habitual.
Aunque algunos estudios experimentales sugieren que la cafeína podría reducir temporalmente la sensibilidad a la insulina, la evidencia epidemiológica muestra resultados favorables para quienes consumen café regularmente.
Una revisión de 28 estudios prospectivos encontró que las personas que consumían en promedio 3,5 tazas de café al día tenían un 20% menos riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, mientras que quienes consumían alrededor de cinco tazas diarias presentaban una reducción del riesgo cercana al 30%.
Los autores señalan que estos beneficios podrían estar relacionados con otros componentes del café, como el ácido clorogénico, además de minerales como el magnesio y el cromo, asociados con una mejor regulación de la glucosa.
La relación entre la cafeína y la presión arterial es compleja. El documento indica que el consumo agudo de cafeína puede elevar temporalmente la presión arterial, especialmente en personas con hipertensión o sensibilidad a la sustancia.
Sin embargo, estudios observacionales de largo plazo han encontrado una relación en forma de "J inversa", en la que el consumo habitual de café se asocia con un menor riesgo de hipertensión en determinados niveles de consumo.
Los investigadores aclaran que los efectos a largo plazo de la cafeína sobre la presión arterial parecen ser mínimos en la mayoría de las personas, aunque un consumo elevado podría incrementar el riesgo en individuos con hipertensión severa.
La declaración científica también revisó la relación entre la cafeína y diferentes enfermedades cardiovasculares.
Los análisis más recientes no encontraron evidencia de que el café aumente el riesgo de enfermedad coronaria. Por el contrario, el consumo ligero y moderado se relacionó con una reducción aproximada del 10% en el riesgo de desarrollar esta condición.
Además, estudios realizados en el Reino Unido observaron que el menor riesgo se registró entre quienes consumían entre dos y tres tazas de café al día.
Diversos estudios de cohortes mostraron que el consumo habitual de café se asocia con un riesgo igual o incluso menor de insuficiencia cardíaca.
Un metaanálisis encontró una relación en forma de "J", con el riesgo más bajo observado en personas que consumían alrededor de cuatro tazas de café al día.
La evidencia también apunta a una reducción del riesgo de accidente cerebrovascular entre quienes consumen café de forma moderada.
Un análisis de 20 estudios de cohortes encontró que el menor riesgo se observó entre quienes consumían entre tres y cuatro tazas diarias, con una reducción aproximada del 21% en comparación con quienes no consumían café.
En cuanto a las alteraciones del ritmo cardíaco, los investigadores encontraron que el consumo moderado de café no aumenta el riesgo de fibrilación auricular y, en algunos estudios, incluso se asoció con una menor probabilidad de desarrollar esta arritmia.
No obstante, los ensayos clínicos también mostraron que el café con cafeína puede aumentar la frecuencia de contracciones ventriculares prematuras, un tipo de alteración eléctrica del corazón.
Por otra parte, se han descrito casos de fibrilación auricular en personas jóvenes y sanas poco después de consumir bebidas energéticas con altas concentraciones de cafeína.
Uno de los hallazgos más consistentes del informe es la diferencia entre el consumo moderado de café y la ingesta de grandes cantidades de cafeína, especialmente a través de bebidas energéticas.
La evidencia disponible indica que estas bebidas pueden aumentar significativamente la presión arterial sistólica y diastólica y podrían representar un riesgo cardiovascular mayor, especialmente en personas con hipertensión.
Los autores subrayan que los posibles beneficios observados con la cafeína presente de forma natural en alimentos y bebidas como el café no deben extrapolarse a productos con altas concentraciones de cafeína ni a suplementos concentrados.
Tras analizar la evidencia disponible, la American Heart Association concluye que el consumo moderado de cafeína —equivalente a hasta 400 miligramos diarios o aproximadamente entre tres y cinco tazas de café de 240 mililitros— es seguro para la mayoría de los adultos.
Según los expertos, este nivel de consumo se asocia con un menor riesgo de enfermedad coronaria, accidente cerebrovascular, insuficiencia cardíaca, fibrilación auricular, hipertensión y diabetes tipo 2.
No obstante, resaltan que las respuestas a la cafeína pueden variar entre las personas debido a diferencias genéticas, hábitos de consumo y sensibilidad individual, por lo que las recomendaciones deben adaptarse a cada caso.