La reducción del riesgo se observa cuando el ácido úrico se mantiene por debajo de 6 mg/dL, y es aún mayor en pacientes de alto riesgo cardiovascular al bajar a menos de 5 mg/dL, lo que exige monitoreo regular y ajuste progresivo de dosis.

Más allá de aliviar el intenso dolor articular de la gota, el alopurinol reveló que puede reducir significativamente el riesgo de infarto de miocardio, accidente cerebrovascular (ictus) y muerte cardiovascular.
Así lo demuestra un estudio de la Universidad de Nottingham (Reino Unido), liderado por el profesor Abhishek y publicado en JAMA Internal Medicine, que analizó a casi 110.000 pacientes durante 14 años.
Las personas con gota (causada por acumulación de cristales de ácido úrico en articulaciones) enfrentan un riesgo hasta un 38% mayor de eventos cardiovasculares graves, según datos previos.
Hasta ahora, se ignoraba si bajar el ácido úrico con alopurinol (inhibidor de xantina oxidasa) mitigaba ese peligro más allá de los síntomas articulares. El profesor Abhishek, líder del equipo, aclara el avance: "Las personas con gota tienen un mayor riesgo de padecer enfermedades como cardiopatías y accidentes cerebrovasculares. Este es el primer estudio que revela que medicamentos como el alopurinol, utilizados para tratar la gota, reducen el riesgo de infarto y accidente cerebrovascular si se toman en la dosis adecuada".
El mecanismo subyacente podría involucrar la reducción de inflamación sistémica y estrés oxidativo inducidos por la hiperuricemia, aunque el estudio se centra en resultados clínicos reales.
No basta con tomar alopurinol; el éxito radica en alcanzar y mantener ácido úrico sérico por debajo de 360 micromol/L (6 mg/dL), umbral ya recomendado para prevenir brotes gotosos.
"La dosis adecuada varía de una persona a otra y es la que reduce el nivel de urato en sangre por debajo de 360 micromol/L (6 mg/dL)", explica Abhishek.
En pacientes con riesgo cardiovascular alto o muy alto, comunes en gota por comorbilidades como obesidad, hipertensión y diabetes, bajar incluso a <300 micromol/L (5 mg/dL) multiplica la protección. Esto implica monitoreo periódico (cada 3-6 meses iniciales) y ajustes progresivos de dosis, desde 100 mg/día hasta 900 mg/día según tolerancia y respuesta.
El análisis retrospectivo usó registros electrónicos del Reino Unido (2000-2014), comparando dos grupos pareados por edad, sexo y comorbilidades:
A cinco años, el grupo éxito mostró:
Este trabajo consolida el "tratamiento dirigido a objetivo" (T2T) como estándar no solo antigotas, sino cardioprotector. "Investigaciones previas realizadas en Nottingham demostraron que el tratamiento reductor de urato dirigido a la meta previene los brotes de gota. Este estudio ofrece el beneficio adicional de reducir el riesgo de infarto, ictus y muerte por estas enfermedades", celebra Abhishek.
Para pacientes: adherencia estricta, controles regulares y reporte de efectos adversos (erupciones cutáneas raras, pero graves como síndrome de hipersensibilidad).
Para médicos: superar subdosificación histórica (muchos se estancan en 100-300 mg/día) y combinar con cambios en estilo de vida.
En regiones como América Latina donde la gota afecta al 1-4% de adultos y subdiagnosticada en rurales, este estudio urge guías locales actualizadas, priorizando T2T en diabéticos e hipertensos gotosos.
Con 9.2 millones de gotosos en Europa y cifras crecientes por dieta rica en purinas, obesidad y longevidad, el alopurinol (genérico accesible) emerge como intervención costo-efectiva.
Estudios complementarios (como en The Lancet) sugieren beneficios renales adicionales, posicionando el control urático como pilar multifactorial.