Estornudos, congestión y picor: nuevas guías indican cómo diferenciar el tipo de rinitis y cómo tratarla

Síntomas atípicos o de alarma como secreción unilateral, sangrado nasal abundante, dolor u obstrucción que no responde al tratamiento, requieren evaluación por otorrinolaringología.

Katherine Ardila

    Estornudos, congestión y picor: nuevas guías indican cómo diferenciar el tipo de rinitis y cómo tratarla

    Una actualización clave en el manejo de la rinitis, tanto alérgica como no alérgica, llega desde la Sociedad Británica de Alergia e Inmunología Clínica. Estas guías, revisadas, ofrecen una ruta para médicos y pacientes. 

    El enfoque principal es clasificar correctamente el tipo de rinitis, ya que esta distinción determina el tratamiento más efectivo.

    ¿Cómo diferenciar una rinitis alérgica de una que no lo es?

    El proceso comienza con una historia clínica meticulosa. No se trata solo de preguntar por los síntomas, sino de investigar su patrón. La estacionalidad (¿empeora en primavera?), la ubicación (¿en interiores o al aire libre?), e incluso si los síntomas mejoran durante las vacaciones, son pistas cruciales. 

    Los síntomas clásicos como estornudos en salva, picor intenso en la nariz y el paladar, sugieren fuertemente una rinitis alérgica.

    La naturaleza de la secreción nasal (rinorrea) también habla. Una secreción continuamente transparente hace poco probable una infección, mientras que una secreción unilateral obliga a descartar causas menos comunes. 

    La obstrucción nasal, si es alternante, puede deberse al ciclo nasal normal exacerbado por la rinitis. Síntomas atípicos como costras severas o secreción con sangre unilateral requieren una investigación más profunda y pueden indicar la necesidad de derivación a un especialista en otorrinolaringología.

    La exploración física añade más datos. Signos como el "saludo alérgico" (frotarse repetidamente la nariz hacia arriba), un pliegue nasal horizontal o ojeras marcadas apoyan el diagnóstico de alergia. Sin embargo, el examen visual es solo el primer paso.

    Las pruebas: confirmar la sospecha clínica

    Para pasar de la sospecha a la certeza, las guías enfatizan el uso rutinario de pruebas objetivas. "Deben realizarse de forma rutinaria para determinar si la rinitis es alérgica o no alérgica, y tienen un alto valor predictivo negativo", se afirma respecto a las pruebas de punción cutánea. 

    Estas pruebas son fundamentales para identificar los desencadenantes específicos, como pólenes, ácaros o epitelio de mascotas.

    Cuando las pruebas cutáneas no son factibles, se puede recurrir a la medición de inmunoglobulina E (IgE) específica en sangre. La guía advierte que la IgE total por sí sola puede ser engañosa, pero es útil para interpretar los resultados específicos. 

    Un punto crucial es que un resultado positivo no siempre equivale a síntomas clínicos; "Al menos el 15% de las personas con una prueba SPT positiva no desarrollan síntomas al exponerse al alérgeno relevante", señalan las recomendaciones. Por eso, la historia clínica sigue siendo el contexto irremplazable.

    ¿Cómo se maneja una rinitis? Un enfoque escalonado y personalizado

    Una vez establecido el diagnóstico, el tratamiento sigue un enfoque escalonado. La primera línea siempre incluye medidas no farmacológicas, siendo la evitación del alérgeno identificado la más importante, aunque no siempre fácil de lograr. 

    Otras estrategias como la irrigación nasal con solución salina pueden ofrecer alivio sintomático.

    El pilar de la farmacoterapia para la rinitis alérgica son los corticosteroides nasales tópicos, reconocidos por su alta eficacia y seguridad cuando se usan correctamente. 

    Para casos más leves o intermitentes, los antihistamínicos orales o intranasales pueden ser suficientes. Las guías subrayan que en casos más graves, "suele ser necesaria una combinación de tratamientos". 

    Es en estos pacientes, con síntomas persistentes y que afectan significativamente su calidad de vida, donde debe considerarse la inmunoterapia (vacunas contra la alergia), ya sea subcutánea o sublingual.

    Cuándo derivar al especialista: las señales de alerta

    Las guías son específicas sobre cuándo el médico de cabecera debe considerar la derivación a un otorrinolaringólogo. 

    Los pacientes con síntomas unilaterales, secreción nasal con abundante sangre, dolor o una obstrucción que no responde a la medicación estándar, necesitan una evaluación especializada. También aquellos en los que se sospechan anomalías estructurales, como una desviación importante del tabique nasal.

    Este protocolo actualizado refuerza un mensaje central: la rinitis, lejos de ser un problema trivial, es una condición que merece un diagnóstico preciso y un manejo estructurado. 

    Al seguir estas guías, los profesionales de la salud pueden no solo aliviar los molestos síntomas nasales y oculares, sino también mejorar la calidad de vida de los pacientes y manejar de forma proactiva el riesgo asociado de asma, una condición que coexiste en un alto porcentaje de casos. La clave está en escuchar la historia completa, investigar con las herramientas adecuadas y tratar de forma personalizada.



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