En el Día Mundial de la Parálisis Cerebral, la experiencia de un periodista con esta condición permite mirar más allá del diagnóstico y poner en primer plano autonomía, participación, inclusión, oportunidades laborales y derechos sociales.

Cada 6 de octubre, el Día Mundial de la Parálisis Cerebral vuelve a poner sobre la mesa una condición neurológica que acompaña a millones de personas en todo el mundo. Pero hablar de parálisis cerebral no debería limitarse a explicar sus características clínicas: también implica preguntarse qué posibilidades tienen quienes viven con ella para estudiar, trabajar, comunicarse, movilizarse y participar plenamente en la sociedad.
La parálisis cerebral es un grupo de trastornos que afectan el movimiento, el equilibrio y la postura, asociados con alteraciones o lesiones del cerebro en desarrollo. Sus manifestaciones son diferentes en cada persona y pueden cambiar a lo largo de la vida, aunque la lesión cerebral que origina la condición no sea progresiva.
En 2026, la campaña internacional del Día Mundial de la Parálisis Cerebral lleva por lema #UniqueANDUnited, una iniciativa que busca que las propias personas con parálisis cerebral expresen los cambios que consideran necesarios en sus comunidades, lugares de estudio, espacios laborales y sistemas de atención.
Ese planteamiento desplaza la conversación: de hablar solamente sobre las personas con discapacidad a escuchar también lo que ellas tienen que decir.
La historia de Jorge Mario Murillo González se inscribe precisamente en esa perspectiva.
Comunicador social y periodista, Murillo vive con parálisis cerebral asociada, según su historia clínica y diagnóstico personal, a hipoxia neonatal. Su experiencia profesional le ha permitido desarrollar una trayectoria vinculada con la comunicación, el periodismo y el marketing digital.
Su historia no pretende representar a todas las personas con parálisis cerebral. La condición tiene múltiples manifestaciones y grados de funcionamiento, por lo que cada trayectoria es diferente.
Lo que sí permite mostrar es una realidad que con frecuencia queda fuera de las explicaciones estrictamente médicas: tener parálisis cerebral no determina por sí mismo hasta dónde puede llegar una persona.
El propio movimiento internacional de World Cerebral Palsy Day sostiene que cada persona tiene experiencias, prioridades y necesidades diferentes, y plantea que la conversación debe centrarse en fortalezas, participación y eliminación de barreras, no en estereotipos.
La inclusión no depende únicamente de las capacidades individuales.
También intervienen las condiciones del entorno: accesibilidad física, transporte, tecnología, educación, comunicación, oportunidades laborales y actitudes sociales.
Una revisión publicada en 2026 analizó 29 estudios que incluyeron a más de 33.000 adultos con parálisis cerebral para identificar factores relacionados con el empleo. Los investigadores encontraron que la participación laboral está determinada por una combinación de factores relacionados con las funciones corporales, la independencia, la comunicación, la accesibilidad, los apoyos, la educación y otras características personales.
El hallazgo resulta relevante porque permite ampliar una discusión que durante décadas estuvo concentrada principalmente en la infancia.
Las personas con parálisis cerebral crecen, estudian, trabajan, forman familias, desarrollan proyectos profesionales y envejecen. Por eso, las necesidades de atención y participación no terminan cuando finaliza la etapa pediátrica.
Los avances en la comprensión de la parálisis cerebral también han permitido abandonar algunas ideas simplificadoras sobre su origen.
El Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) señala que la parálisis cerebral puede estar relacionada con un desarrollo cerebral anormal o con una lesión del cerebro en desarrollo. Aunque durante mucho tiempo se atribuyó principalmente a la falta de oxígeno durante el nacimiento, actualmente se reconoce que la hipoxia perinatal explica solo una proporción de los casos.
Por esta razón, cuando una persona identifica la hipoxia neonatal como antecedente de su propia parálisis cerebral, esa afirmación debe entenderse dentro de su diagnóstico individual y no convertirse en una explicación general para todas las personas con esta condición.
La precisión médica es importante, especialmente cuando se habla de una condición tan heterogénea.
Para Murillo, hablar públicamente de su experiencia también representa una forma de ejercer el periodismo desde otro lugar: no solamente informar sobre discapacidad, sino contribuir a que las personas con discapacidad sean reconocidas como fuentes, profesionales y protagonistas de las conversaciones que las afectan.
Esa perspectiva coincide con el propósito de la campaña mundial de 2026, que invita a las personas con parálisis cerebral a compartir qué cambio quieren ver en su entorno y a dirigir esa demanda hacia líderes, instituciones y organizaciones capaces de contribuir a materializarlo.
La pregunta, entonces, deja de ser únicamente qué puede hacer una persona con parálisis cerebral.
También es necesario preguntar qué está haciendo la sociedad para que pueda hacerlo.
La accesibilidad continúa siendo uno de los puntos centrales.
Un aula accesible no consiste solamente en instalar una rampa. Un lugar de trabajo inclusivo tampoco se limita a cumplir una condición arquitectónica. La participación requiere eliminar barreras físicas, comunicativas, tecnológicas y sociales.
La campaña #UniqueANDUnited pone precisamente algunos de estos asuntos en el centro: educación accesible, ajustes oportunos y oportunidades para participar plenamente en la vida académica y social.
En el ámbito laboral, la evidencia reciente refuerza la necesidad de mirar más allá del diagnóstico y estudiar qué factores favorecen o dificultan que los adultos con parálisis cerebral permanezcan vinculados al empleo.
La historia de un periodista con parálisis cerebral no pretende presentarse como una historia de superación individual frente a la discapacidad.
Ese enfoque puede terminar trasladando toda la responsabilidad a la persona.
La pregunta periodística puede ser otra: ¿qué ocurre cuando una persona tiene formación, capacidades y voluntad de participar, pero encuentra barreras que no dependen de ella?
La respuesta obliga a mirar la accesibilidad, las oportunidades laborales, el transporte, la educación, la atención sanitaria y la representación social.
El Día Mundial de la Parálisis Cerebral puede servir entonces para algo más que recordar una fecha.
Puede convertirse en una oportunidad para escuchar las voces de quienes viven la condición y reconocer que detrás de un diagnóstico existen personas con proyectos, profesiones, responsabilidades, aspiraciones y diferentes maneras de construir su propia vida.
Para quienes viven con parálisis cerebral, la inclusión no debería significar recibir un trato excepcional. Significa poder ejercer derechos y participar en igualdad de condiciones.
Y para el periodismo, el desafío también es claro: no hablar solamente de las personas con discapacidad, sino abrir espacios para que ellas mismas cuenten quiénes son, qué necesitan y qué cambios quieren ver.