Disfunción eréctil tras cáncer de próstata: Sí tiene solución, y esto es lo que debes saber

La salud sexual no desaparece con la enfermedad, sino que requiere un enfoque sensible e informado por parte de los profesionales de la salud.

Laura Guio

    Disfunción eréctil tras cáncer de próstata: Sí tiene solución, y esto es lo que debes saber

    Recibir un diagnóstico grave cambia la vida. Pero hay una pregunta que pocas veces sale de los consultorios y casi nunca entra en ellos: ¿qué pasa con mi sexualidad ahora? Esa omisión, advierten los especialistas, no es inocente.

     Los asuntos relacionados con la sexualidad son admitidos cada vez más como un importante factor en la calidad de vida de los pacientes, lo que legítimamente concierne a la oncología y a los cuidados paliativos.

    Sin embargo, a pesar de la alta incidencia de disfuncionalidad y de la necesidad de hablar de ello, la vivencia sexual es una esfera que habitualmente escapa a los controles de síntomas y rara vez queda recogida en las historias clínicas.

    En una reciente emisión del programa "Telesalud: La clínica en casa", producido por la revista Medicina y Salud Pública (MSP), la Lcda. Maudys Sánchez, psicóloga paliativista y especialista en sexualidad y terapia de pareja, y el Dr. Julián Carreño, médico especialista en medicina familiar y conductor del espacio, pusieron sobre la mesa lo que durante demasiado tiempo ha sido una conversación aplazada

    Lo que los pacientes quieren y no preguntan

    El hallazgo más revelador de la investigación contemporánea sobre el tema no está en los datos clínicos, sino en los emocionales. Los estudios sugieren que los pacientes quieren hablar sobre sexualidad e intimidad y quieren que sus proveedores de atención médica mencionen este tema.

     Aun así, muchos proveedores tienen dificultades para comunicarse sobre estos asuntos, en parte porque sienten que carecen de la capacitación necesaria para iniciar la conversación.

    El programa de MSP apuntó precisamente a ese vacío con preguntas reales de pacientes reales. Una de ellas fue especialmente ilustrativa: "¿Me operaron de la próstata hace un año? ¿De verdad se puede recuperar la función sexual o eso ya no...?", una frase que se quedó suspendida con puntos suspensivos, como tantas conversaciones que nunca terminan.

    La prostatectomía y la vida íntima: Hay más de una respuesta

    El Dr. Carreño respondió con precisión clínica y sin eufemismos. El tipo de cirugía, explicó, lo cambia todo.

    "Si se le realizó una prostatectomía total radical abierta, es muy probable que le hayan lastimado, entre otros, los nervios pudendos, y restablecer la función sexual, esa erección potente, es cuesta arriba", señaló el médico. Sin embargo, aclaró que otras técnicas presentan un panorama distinto: "Hay otros tipos de cirugía, por ejemplo, la robótica, que no son tan invasivas y con esas hay muchísimo menos riesgo de lesionar la función sexual".

    Ante la pregunta más importante —¿hay solución?— el Dr. Carreño fue categórico: "Claro que hay solución. Existen dispositivos diseñados específicamente para este tipo de situaciones, que se colocan cuando ya no hay riesgo de recaída del cáncer, y la persona tiene su actividad sexual normal. Va a tener erección".

    El médico también trazó una distinción clínica clave: "Los problemas de prostatectomía van a producir una disfunción eréctil, pero no producen una disfunción del deseo, ni van a producir una disfunción de la eyaculación. Por lo tanto, desde que este dispositivo le restablece la erección, pueden disfrutar de su actividad sexual normal".

    Datos de la literatura especializada respaldan esta realidad: a los cinco años de seguimiento, la disfunción eréctil tras una prostatectomía radical se presenta en el 79.3% de los casos y en el 63.5% después de radioterapia de haz externo.

    Las cifras subrayan la magnitud del problema y, al mismo tiempo, la urgencia de abordarlo con los pacientes antes, durante y después del tratamiento.

    La enfermedad no extingue el deseo

    Uno de los supuestos más dañinos y más comunes en la atención de pacientes graves es asumir que su vida sexual ya no importa o que ellos mismos la han abandonado.

     Los profesionales de la salud tienen tendencia a creer que los pacientes han abandonado su sexualidad en este estado de su enfermedad, pero los propios pacientes han revelado que, a pesar del hecho de que la enfermedad esté avanzada, ellos valoran que el equipo médico tratante se ocupe de este aspecto de sus vidas y que sean motivados a la expresión de estos sentimientos.

    La Lcda. Sánchez, desde su rol como psicóloga paliativista, refuerza este enfoque. Su especialización en terapia de pareja reconoce que la enfermedad grave no solo afecta al individuo: toca también los vínculos, la intimidad compartida y la identidad sexual de quienes conviven con el diagnóstico.



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