Expertas de Medical Protection Society advierten que la autopercepción de incompetencia puede afectar el bienestar, favorecer el agotamiento profesional e incluso influir en la relación médico-paciente.

El síndrome del impostor, una condición caracterizada por la duda persistente sobre las propias capacidades y el temor a ser descubierto como un fraude, es un fenómeno frecuente entre los profesionales de la salud. Así lo señalan Emma Green y Lucy Hanington, consultoras médico-legales de Medical Protection Society.
Las autoras citan un metaanálisis reciente según el cual el 62% de los profesionales sanitarios en el mundo experimentan síndrome del impostor. También mencionan un estudio de KPMG que encontró que el 75% de las mujeres en cargos ejecutivos reportan haber vivido esta experiencia, aunque aclaran que afecta a personas de todos los géneros y profesiones.
De acuerdo con Green y Hanington, la medicina reúne múltiples factores que favorecen este fenómeno. Entre ellos destacan la constante evaluación del desempeño durante la formación, la comparación con colegas, las altas expectativas profesionales y la responsabilidad de tomar decisiones que pueden afectar la vida de los pacientes.
Las especialistas sostienen que el síndrome del impostor va más allá de una inseguridad ocasional. Sentirse un fraude o temer ser "descubierto" puede afectar el bienestar psicológico, limitar el desarrollo profesional y contribuir al agotamiento laboral.
Según explican, los médicos que experimentan este fenómeno pueden buscar constantemente la validación de colegas, revisar repetidamente la literatura científica antes de actuar o retrasar decisiones por temor a equivocarse. Estas conductas pueden incrementar la fatiga, afectar el estado de ánimo y alterar la confianza que perciben los pacientes durante la atención.
Las autoras también señalan que la naturaleza jerárquica de la medicina puede aumentar la vulnerabilidad al síndrome del impostor, especialmente durante las transiciones de carrera, como el paso a cargos de mayor responsabilidad.
La investigadora Valerie Young, citada en el artículo, identifica cinco formas principales de síndrome del impostor.
El perfeccionista establece estándares extremadamente altos y se siente fracasado cuando no los alcanza. El experto considera que debe saberlo todo antes de iniciar una tarea. El genio natural cree que debería sobresalir sin esfuerzo y se frustra cuando necesita trabajar más para lograr resultados.
Por su parte, el solitario evita pedir ayuda porque lo interpreta como una señal de debilidad, mientras que el superhéroe intenta demostrar constantemente su valor trabajando más que los demás, incluso a costa de su bienestar personal.
Green y Hanington recomiendan reconocer y nombrar los sentimientos asociados al síndrome del impostor como primer paso para reducir su impacto. También sugieren buscar mentoría y apoyo de colegas de confianza, quienes pueden ofrecer perspectiva y compartir experiencias similares.
Otras estrategias incluyen centrarse en las evidencias objetivas de los logros alcanzados, aceptar los errores como oportunidades de aprendizaje, practicar la autocompasión y llevar un registro de éxitos, comentarios positivos y metas cumplidas.
Las autoras también aconsejan celebrar pequeños logros, hablar abiertamente sobre estas experiencias, establecer expectativas realistas y priorizar el bienestar personal para prevenir el agotamiento profesional.
Las especialistas concluyen que el síndrome del impostor es un desafío frecuente, aunque muchas veces invisible, especialmente en profesiones exigentes como la medicina. Reconocer sus señales, comprender sus diferentes manifestaciones y aplicar estrategias de afrontamiento puede ayudar a reducir su impacto.