El consumo inadecuado de analgésicos comunes como el paracetamol y antiinflamatorios puede provocar lesiones graves en el hígado.

El daño hepático inducido por medicamentos representa una amenaza sanitaria que muchas veces pasa desapercibida. Esta condición ocurre cuando ciertos fármacos, tanto de venta libre como recetados, generan lesiones en el hígado al sobrecargar su capacidad de procesamiento y eliminación de sustancias tóxicas.
Lo que convierte a este problema en particularmente preocupante es que puede desarrollarse incluso con medicamentos de uso cotidiano, aquellos que millones de personas consumen para aliviar dolores de cabeza, fiebre o molestias musculares.
Entre todos los medicamentos, el paracetamol (acetaminofeno) encabeza la lista de causantes de daño hepático.
Este analgésico, presente en numerosos productos comerciales, puede volverse extremadamente peligroso cuando se consume en dosis superiores a las recomendadas.
El riesgo se multiplica en personas que consumen alcohol de manera habitual o excesiva, ya que el hígado debe procesar simultáneamente ambas sustancias, lo que aumenta dramáticamente la carga tóxica sobre el órgano.
Los antiinflamatorios no esteroides (AINES), como el ibuprofeno, diclofenaco y naproxeno, también figuran entre los causantes frecuentes de hepatitis medicamentosa. Adicionalmente, existe una larga lista de fármacos que pueden afectar el hígado, incluyendo algunos antibióticos, medicamentos para el corazón, anticonceptivos orales y tratamientos para la epilepsia.
Señales de alerta que no deben ignorarse
Los síntomas del daño hepático pueden manifestarse de diversas formas: ictericia (coloración amarillenta de piel y ojos), fatiga persistente, dolor abdominal, náuseas, orina oscura y heces pálidas. También pueden aparecer fiebre, erupciones cutáneas y picazón intensa.
Ante la presencia de cualquiera de estos signos después de iniciar un nuevo medicamento, resulta fundamental consultar inmediatamente con un profesional de la salud.
En la mayoría de los casos, la solución consiste en suspender el medicamento causante del problema. El hígado tiene una notable capacidad de regeneración, y el daño suele revertirse en días o semanas tras discontinuar el fármaco.
Sin embargo, las sobredosis de paracetamol requieren atención médica urgente, ya que existe un antídoto específico que debe administrarse lo antes posible para prevenir consecuencias fatales.
Los especialistas insisten en nunca exceder las dosis recomendadas de medicamentos de venta libre, especialmente aquellos que contienen paracetamol. Quienes consumen alcohol regularmente deben consultar con su médico sobre dosis seguras.
Resulta igualmente crucial informar siempre al profesional de la salud sobre todos los medicamentos, suplementos y preparaciones herbales que se estén consumiendo, particularmente si existe alguna condición hepática previa.
La automedicación responsable y la comunicación abierta con los proveedores de salud constituyen las mejores herramientas para proteger la salud del hígado mientras se manejan otras condiciones médicas.