La Dra. Sanet Torres, infectóloga, explicó los riesgos de esta enfermedad altamente contagiosa y destacó la importancia de mantener al día la inmunización.

Las dos primeras muertes por sarampión reportadas en Estados Unidos en 2026 ocurrieron en el condado de Lancaster, Pensilvania, en personas que no estaban vacunadas. Según la entrevista, estas representan las primeras muertes por esta enfermedad registradas en Pensilvania en 35 años. Ante este escenario, la Dra. Sanet Torres, infectóloga pediátrica, en entrevista con la Revista Medicina y Salud Pública, hizo un llamado a mantener la vacunación y a consultar con profesionales de la salud ante cualquier duda sobre las vacunas.
"Es lamentable tener que ver esto", expresó Torres al referirse a las dos muertes registradas en Pensilvania. Según explicó, se conoce que ambas personas no estaban vacunadas y que una de ellas era un infante menor de 12 meses.
La especialista señaló que la situación también ocurre en un contexto de desinformación y pérdida de confianza en las vacunas, lo que puede llevar a que las personas no tomen decisiones informadas sobre la prevención.
"Realmente sabemos que son dos personas no vacunadas", sostuvo la infectóloga pediátrica, quien enfatizó que la recomendación frente al sarampión es clara: "Hay que vacunarse".
Torres recordó que Estados Unidos había sido declarado un territorio libre de sarampión en el año 2000. Sin embargo, consideró que, si continúa el patrón observado durante los últimos años, existe la posibilidad de que el país pierda esa denominación y que la enfermedad llegue a considerarse endémica nuevamente.
Uno de los principales riesgos del sarampión, de acuerdo con Torres, es que sus primeras manifestaciones pueden confundirse con un cuadro respiratorio común.
"Pues sarampión usualmente presenta como al inicio parece cualquier cuadro viral, tos, congestión, secreciones nasales y después presentan este rash o este salpullido rojito que empieza desde la cabeza hacia abajo", explicó.
Los niños pueden presentar fiebre alta y algunos pacientes pueden desarrollar pulmonía o inflamación de las meninges, las membranas que cubren el cerebro.
La especialista detalló que los pacientes que desarrollan pulmonía pueden presentar inflamación del tejido pulmonar y quedar expuestos a una infección bacteriana secundaria. En casos de mayor gravedad, esto puede requerir soporte ventilatorio y admisión a una unidad de cuidados intensivos.
"Entonces de ahí es donde los pacientes se complican y pueden fallecer", señaló.
Además de las complicaciones agudas, Torres advirtió que la enfermedad natural puede producir consecuencias a largo plazo, entre ellas deterioro cognitivo o retrasos en el desarrollo.
"Podemos tener complicaciones a largo plazo, después deterioro cognitivo o retraso en la etapa del desarrollo que se asocia a enfermedad natural. Algo que no es con las vacunas", explicó.
La aparición de la erupción en la piel no necesariamente representa el momento inicial de la enfermedad. Según Torres, el sarampión comienza con un cuadro catarral que puede dificultar su identificación temprana.
"El problema o en ese momento es donde tiene la capacidad de muchas personas contagiarse porque parece un catarro común", indicó.
Durante esa etapa, el niño puede presentar congestión nasal, fiebre y tos, además de enrojecimiento de los ojos. Posteriormente aparece el sarpullido, que comienza en la cabeza y se extiende hacia el resto del cuerpo.
La infectóloga pediátrica explicó que el sarampión se transmite por gotitas respiratorias y que el virus puede permanecer en una superficie hasta dos horas después de que una persona contagiada haya abandonado el lugar.
El sarampión no representa un riesgo únicamente para los niños. Torres destacó que las mujeres embarazadas, las personas de mayor edad con enfermedades como diabetes o presión alta y quienes presentan alteraciones del sistema inmunológico pueden estar en mayor riesgo de desarrollar una enfermedad seria.
También mencionó a pacientes pediátricos que reciben tratamiento para enfermedades como linfoma o leucemia, así como a personas que utilizan medicamentos que alteran el sistema inmunológico para tratar condiciones inflamatorias como Crohn, colitis ulcerativa o lupus.
Torres explicó que la vacuna contra el sarampión puede administrarse tanto a niños como a adultos, aunque existen indicaciones específicas según la edad y las condiciones de cada paciente.
En el esquema regular, la primera dosis se administra a los 12 meses y la segunda a los cuatro años. En situaciones extraordinarias, como cuando una persona va a viajar a un área donde existen casos, puede administrarse desde los seis meses de edad.
La especialista aclaró que se trata de una vacuna viva y que no está indicada para pacientes inmunocomprometidos debido a esta característica.
Dentro del esquema de vacunación se encuentra la MMR, que protege contra sarampión, paperas y rubéola, y se administra en las edades señaladas.
Ante las dudas y teorías de conspiración que circulan en redes sociales sobre las vacunas, la infectóloga pediátrica destacó que estas pasan por procesos rigurosos de evaluación antes de llegar a la población.
"Realmente las vacunas, todas las vacunas pasan por un proceso riguroso de evaluación, estudios clínicos en donde si todo está bien pues llegan hasta administrarse a la población", afirmó.
Según explicó, el monitoreo continúa después de que una vacuna llega a la población para identificar posibles reacciones adversas o efectos secundarios.
Torres reconoció que, como ocurre con cualquier medicamento, algunas personas pueden desarrollar reacciones adversas o alergias severas. Sin embargo, señaló que estos eventos son documentados y monitoreados.
Como ejemplo, mencionó una vacuna contra el rotavirus que en el pasado fue relacionada con casos de intususcepción. Según explicó, el seguimiento de esos casos permitió detectar el problema, retirar la vacuna del mercado, modificarla y posteriormente disponer de una formulación considerada segura y eficaz.
En el caso particular de la vacuna contra el sarampión, indicó que los efectos esperados pueden incluir dolor o enrojecimiento en el área donde se administra y, en ocasiones, fiebre o temperatura elevada.
"Eso es lo que queremos, que el cuerpo responda a ese componente que estamos recibiendo para que se formen los anticuerpos", explicó.
Torres también cuestionó la idea de atribuir a una vacuna cualquier evento de salud que ocurra posteriormente.
"Usualmente en las primeras 24 hasta 72 horas posterior a la administración de la vacuna, realmente no podemos establecer causalidad entre una cosa y la otra", señaló.
Para explicar la importancia de analizar cada caso, recordó situaciones relacionadas con la vacuna contra el virus del papiloma humano en las que se reportaron muertes posteriores a la vacunación, pero al investigar las circunstancias se encontró que algunas personas habían recibido la vacuna y días después habían fallecido por causas completamente distintas, como accidentes automovilísticos.
"Así que entra dentro del reporte y se documenta esa muerte, pero la vacuna no tenía nada que ver con la causa de muerte de esa persona", sostuvo.
Por ello, hizo énfasis en la necesidad de no generalizar ni asumir una relación causal sin evidencia.
Ante la situación registrada en Estados Unidos, Torres recordó que la vacuna contra el sarampión está disponible en los centros de vacunación de Puerto Rico y recomendó a los padres consultar sus dudas con el pediatra.
La especialista señaló que incluso cuando el pediatra no administra las vacunas directamente en su oficina, puede orientar a las familias y aclarar sus inquietudes. También pueden acudir a un infectólogo pediátrico cuando necesiten educación u orientación adicional.
"Es normal que los papás tengan dudas y que tengan preocupaciones", reconoció Torres, quien explicó que cada paciente debe ser evaluado individualmente considerando el riesgo y el beneficio.
Finalmente, la infectóloga pediátrica enfatizó que, desde su perspectiva, el beneficio de recibir una vacuna supera ampliamente cualquier pequeño riesgo potencial asociado con su administración.
"Cada paciente es individual y riesgo versus beneficio. El beneficio de recibir una vacuna sobrepasa en sobremanera al cualquier potencial pequeño riesgo que tenga asociado a la administración", concluyó.