En el marco del Día de la Madre, recordamos a cinco mujeres que rompieron barreras en la historia de la medicina en Puerto Rico y cuyo legado sigue inspirando a nuevas generaciones

La maternidad no es solo amor y entrega: también es ciencia, historia y lucha. Este Día de la Madre, impulsada por la iniciativa: Mama: La Biología del Amor, de la revista Medicina y Salud Pública, rinde homenaje a cinco mujeres puertorriqueñas que transformaron la medicina y el cuidado de la vida desde sus raíces hasta las salas de operaciones.
En una época en que las puertas de las universidades y los hospitales se cerraban ante las mujeres, Ana Dolores Pérez Marchand se negó a aceptar ese límite.
Formada con determinación y rigor, se convirtió en la primera mujer médica en Ponce y la tercera en ejercer la profesión en toda la isla. Su sola presencia en una sala de consulta fue, en su tiempo, un acto de resistencia.
Este Día de la Madre, su historia nos recuerda que el cuidado de la vida también ha sido una conquista.
Marta Robert Romeu entendió que sanar el cuerpo no era suficiente si la sociedad seguía enferma de desigualdad. Fue una de las primeras médicas de Puerto Rico, pero también una feminista activa que unió la ciencia y la lucha por los derechos de las mujeres en una sola vocación.
Para ella, ejercer la medicina era también un acto político: demostrar, con cada paciente atendida, que las mujeres tenían tanto que aportar a la ciencia como cualquier hombre.
Rosa González eligió otro camino dentro de la salud, igualmente valioso e igualmente difícil. Enfermera y activista, dedicó su vida a construir los pilares del cuidado materno en Puerto Rico.
Participó activamente en la Asociación de Enfermeras y en la Cruz Roja Americana, y fue una de las mentes detrás de la creación de la primera clínica de salud maternal en la isla. En este mes en que se celebra a las madres, su legado es un recordatorio de que proteger la maternidad también fue una batalla que alguien tuvo que dar.
Josefina Villafañe supo que para servir a su pueblo primero tendría que alejarse de él. Fue una de las primeras médicas puertorriqueñas en formarse en Estados Unidos, cruzando fronteras geográficas y sociales para adquirir el conocimiento que su tierra aún no le podía ofrecer.
Al regresar, se convirtió en la primera mujer en trabajar en una clínica prenatal, poniendo ese saber al servicio de las madres y los recién nacidos de su comunidad.
La Dra. Ana Judith Román García cerró su propio capítulo en esta historia de pioneras al convertirse en la primera neuróloga de Puerto Rico, abriendo un campo especializado donde la presencia femenina era prácticamente inexistente.
Su trayectoria demuestra que las mujeres no solo entraron a la medicina por la puerta principal, sino que avanzaron hacia sus rincones más complejos y exigentes.
Hoy, en el Día de la Madre, su nombre y el de todas estas mujeres merecen ser pronunciados en voz alta: porque la ciencia también tiene historia de madres, de luchadoras y de primeras veces.