Dolor de espalda y anemia como señales de alerta: Lo que debes saber sobre el mieloma múltiple

Especialista explica qué es esta malignidad de células plasmáticas, cómo se detecta y por qué los avances en tratamientos han transformado radicalmente el pronóstico de los pacientes.

Laura Guio

    Dolor de espalda y anemia como señales de alerta: Lo que debes saber sobre el mieloma múltiple

    El mieloma múltiple es un cáncer hematológico que afecta a las células plasmáticas de la médula ósea. A diferencia de los tumores sólidos, no tiene una localización fija en el cuerpo. Su manifestación más común es el dolor óseo, especialmente en la espalda, aunque también puede presentarse con anemia, niveles elevados de calcio en sangre y problemas renales.

    En una entrevista exclusiva de la revista Medicina y Salud Pública con el Dr. Jorge Rodríguez Lugo, hematólogo oncólogo abordó el tema, explicando su incidencia, síntomas y avances en diagnóstico y tratamiento.

    "Si es asintomático, no es un mieloma múltiple", afirma el doctor Rodríguez Lugo. Siempre habrá alguna señal, ya sea en los laboratorios o en las imágenes radiológicas, que delate la presencia de la enfermedad.

    En cuanto a su origen, Rodríguez Lugo explica que no se trata de una condición hereditaria en sentido estricto: "Se han identificado anormalidades en los genes que se cree que es lo que lleva a que tú desarrolles un mieloma múltiple. Pasan ciertos golpes en el genoma, en tu genética, que terminan produciendo la enfermedad".

    El camino hacia el diagnóstico

    Cuando un médico detecta señales de alerta, el proceso diagnóstico comienza con análisis de sangre y orina, específicamente electroforesis para identificar proteínas anormales, así como radiografías óseas.

    "Para poder hacer el diagnóstico final de mieloma múltiple, necesitas un porcentaje de esas células en la médula que cumpla con los criterios de diagnóstico", detalla el especialista. 

     La confirmación definitiva, sin embargo, llega a través de una biopsia de médula ósea, que permite determinar el porcentaje de células plasmáticas presentes y verificar que se cumplen los criterios diagnósticos establecidos.

    La enfermedad se clasifica en tres estadios, a diferencia de los tumores sólidos que llegan hasta cuatro. Un estadio más avanzado implica mayor riesgo, pero no define por sí solo el pronóstico del paciente.

    Los órganos en la mira: Riñón, hueso y corazón

    Las células plasmáticas malignas producen sustancias que deterioran el tejido óseo, generando lesiones conocidas como líticas, que funcionan como si una polilla royera el interior del hueso. Este proceso libera calcio al torrente sanguíneo, lo que provoca hipercalcemia.

    La enfermedad también compromete severamente los riñones. "Hay tanto exceso de esa inmunoglobulina que no debe existir, y al tratar de diluirse en el agua obstruye a nivel renal, el filtro, y crea problemas de disfunción renal", explica Rodríguez Lugo. 

    Algunos pacientes desarrollan además amiloidosis, con depósitos de proteínas que afectan el corazón y los riñones.

    Las principales causas de muerte en estos pacientes son la insuficiencia renal y las infecciones, derivadas de un sistema inmune que, aunque aparentemente normal, ha perdido su capacidad funcional.

    De dos medicamentos a más de quince

    Hace veinte años, los pacientes contaban con apenas dos opciones terapéuticas y una sobrevida aproximada de dos años. En la actualidad, el panorama es radicalmente distinto. "Hoy hay sobre 15 drogas en el mercado y los pacientes duran mucho más de 10 años. Ya no sabemos hasta dónde va a llegar la prolongación de vida con los medicamentos".

    El trasplante autólogo de células madre, en el que se extraen, almacenan y reinyectan las propias células del paciente tras limpiar la médula, es uno de los pilares del tratamiento moderno. La elegibilidad para este procedimiento ya no depende tanto de la edad como del estado general de salud del paciente.

    Incurable, pero crónica

    El mieloma múltiple no tiene cura, pero el doctor Rodríguez Lugo prefiere enmarcar la enfermedad desde una perspectiva de cronicidad manejable. 

    "Yo considero que es una condición alegre", dice, y lo sustenta en los años que hoy pueden transcurrir entre el diagnóstico y el momento en que los tratamientos dejan de responder, tiempo suficiente para que el paciente y su familia procesen, vivan y se despidan con la certeza de que se hizo todo lo posible.

    Su recomendación final es directa: hacerse los exámenes de rutina. Un hemograma completo y una bioquímica básica son suficientes para detectar señales tempranas de esta enfermedad que, con frecuencia, pasa desapercibida por falta de controles regulares.


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