Una investigación liderada por la trabajadora social y Gerontóloga, Dra. Erika Colón Ortega encontró que el abandono de adultos mayores en instituciones hospitalarias suele estar más relacionado con factores económicos, falta de vivienda adecuada, aislamiento social y ausencia de redes de apoyo que con decisiones deliberadas de las familias.

El envejecimiento acelerado de la población en Puerto Rico está planteando nuevos retos para los sistemas de salud y las familias. En este contexto, una investigación realizada por la estudiante doctoral y trabajadora social, Dra. Erika Colón Ortega analizó el abandono de adultos mayores en instituciones hospitalarias y los factores que contribuyen a este fenómeno, el cual pasó de unos 700 casos documentados en 2017 a 1.018 reportes en 2024-2025.
Según explicó la investigadora, la experiencia de trabajar en un hospicio la llevó a identificar una realidad recurrente: pacientes que enfrentaban etapas críticas de su vida sin familiares o redes de apoyo que pudieran acompañarlos.
"En ocasiones los pacientes estaban solos, no tenían familiares que les apoyaran. No solamente porque no estuvieran presentes, sino porque no existían en la vida de estas personas", indicó.
Uno de los principales hallazgos del estudio es que la percepción tradicional del abandono como un acto intencional no refleja la realidad de la mayoría de los casos.
De acuerdo con Colón Ortega, muchas familias sí cuentan con disposición para cuidar a sus seres queridos, pero enfrentan limitaciones económicas o carecen de viviendas adaptadas para atender a personas que salen del hospital con discapacidades o necesidades de cuidado prolongado.
"La realidad es que pueden existir recursos de apoyo disponibles para los cuidados, pero no tienen los recursos económicos o las facilidades de vivienda para atender a una persona con alguna discapacidad que sale de un alta hospitalaria", explicó.
La investigación también identificó que numerosos adultos mayores viven en condiciones de aislamiento social, una situación que se vuelve crítica cuando requieren apoyo tras una hospitalización.
El fenómeno comenzó a documentarse con mayor visibilidad tras el huracán María en 2017 y posteriormente durante la pandemia de COVID-19, eventos que evidenciaron las vulnerabilidades asociadas al envejecimiento poblacional.
Según datos citados por la investigadora, alrededor de 700 casos fueron documentados en 2017. Sin embargo, para el año fiscal 2024-2025, el Departamento de la Familia reportó 1.018 casos de adultos mayores abandonados en instituciones médico-hospitalarias de Puerto Rico.
Colón Ortega destacó que actualmente no existen estadísticas que permitan distinguir cuántos de estos casos fueron intencionales y cuántos estuvieron relacionados con factores sociales o económicos.
Por ello, una de las recomendaciones del estudio es que las agencias gubernamentales recopilen información más detallada sobre las causas del fenómeno, los determinantes sociales que influyen en él y los costos que genera para el sistema hospitalario.
La investigadora señaló que Puerto Rico enfrenta una transformación demográfica significativa.
Actualmente, el 31% de la población corresponde a adultos mayores y las proyecciones apuntan a que para 2050 esta cifra alcance el 40%.
"Tenemos más personas mayores que el resto de las poblaciones", afirmó.
Este escenario, sumado a la migración de familiares fuera de la isla y al aumento de personas que envejecen solas, ha contribuido a visibilizar la problemática en los hospitales.
Además de las dificultades físicas y logísticas asociadas al alta hospitalaria, el estudio destaca el impacto emocional que experimentan los adultos mayores que permanecen en hospitales sin una red de apoyo.
Según Colón Ortega, muchos pacientes son plenamente conscientes de su situación y viven emocionalmente la incertidumbre de no tener un lugar al cual regresar o una persona que pueda hacerse cargo de sus cuidados.
En otros casos, los pacientes presentan enfermedades neurodegenerativas como Alzheimer o Parkinson, lo que añade complejidad al manejo de estas situaciones.
La investigación encontró que este fenómeno genera una carga adicional para los trabajadores sociales que laboran en hospitales.
Los profesionales que ocupan cargos de supervisión deben asumir simultáneamente labores administrativas y el manejo de casos complejos relacionados con adultos mayores que no pueden ser dados de alta por falta de apoyo familiar o comunitario.
Esto ha incrementado significativamente la carga laboral de los equipos de trabajo social médico-hospitalario.
Entre las recomendaciones principales, el estudio plantea reactivar el comité de implementación de la Ley 121, legislación que protege los derechos de las personas adultas mayores en Puerto Rico.
La propuesta busca que las agencias involucradas trabajen de manera coordinada para desarrollar soluciones integrales y evitar que la atención a estos casos se maneje de forma fragmentada.
Asimismo, la investigadora propone cambiar la narrativa pública del abandono y enfocarse en los determinantes sociales de la salud que afectan a las personas desde etapas tempranas de su vida y que terminan influyendo en su bienestar durante la vejez.
Para Colón Ortega, la solución requiere la participación de todos los sectores de la sociedad y no únicamente del sistema hospitalario.
La investigadora subrayó que muchos de los casos identificados corresponden a personas que ya vivían solas y aisladas antes de llegar a un hospital.
"Debemos atender a nuestras personas adultas mayores desde etapas tempranas, pero también en sus comunidades y tratar de que los servicios respondan a sus necesidades reales", concluyó.
Según la especialista, fortalecer las redes comunitarias y los sistemas de apoyo podría ser clave para reducir el número de adultos mayores que enfrentan situaciones de abandono en el futuro.