La diabetes no solo implica niveles elevados de azúcar en sangre. Según expertos, está estrechamente relacionada con enfermedades cardiovasculares, renales y metabólicas.

La diabetes es una enfermedad compleja que va más allá de la glucosa elevada. Así lo explicó durante una entrevista con la revista MSP, el Doctor Francis Baco, endocrinólogo y Presidente del Comité de Reglamento de la Sociedad Puertorriqueña de Diabetología y Endocrinología, donde abordó la relación entre la diabetes y el denominado síndrome cardiovascular renal-metabólico, un conjunto de condiciones que incrementan el riesgo de complicaciones graves para la salud.
En Puerto Rico, Según estadísticas citadas por el especialista, la prevalencia del síndrome metabólico se ha estimado en alrededor del 45 %, lo que equivale aproximadamente a una de cada dos personas. Una condición que aumenta significativamente el riesgo de desarrollar diabetes, hipertensión y enfermedades del corazón.
De acuerdo con el especialista, el síndrome cardiovascular renal-metabólico describe la estrecha relación entre la diabetes, las enfermedades cardiovasculares, la enfermedad renal, la hipertensión arterial y las alteraciones en los lípidos como colesterol y triglicéridos.
"Cuando uno identifica una de estas condiciones, tiene que ir a buscar los primos de ella", explicó Baco al referirse a la estrecha relación entre la diabetes, la enfermedad cardiovascular, la hipertensión y el daño renal. Según el especialista, estas afecciones suelen estar vinculadas a la resistencia a la insulina, procesos inflamatorios y una mayor tendencia a la formación de coágulos.
Por esta razón, una persona diagnosticada con diabetes debe ser evaluada también por posibles problemas cardiovasculares, renales o metabólicos, ya que estas afecciones suelen presentarse de manera conjunta o desarrollarse con el tiempo.
Según datos citados por el endocrinólogo, la prevalencia del síndrome metabólico en Puerto Rico ronda el 45 %, lo que significa que aproximadamente una de cada dos personas presenta factores de riesgo que pueden derivar en diabetes o enfermedad cardiovascular.
El especialista destacó que la obesidad, la genética y diversos factores ambientales y culturales contribuyen a esta elevada prevalencia.
Además, aseguró que si Puerto Rico se considerara un estado de Estados Unidos, tendría una de las tasas más altas de diabetes y síndrome metabólico de toda la nación.
Uno de los aspectos más preocupantes es el impacto de la diabetes sobre los riñones.
Según Baco, la diabetes es la principal causa por la que los pacientes ingresan a programas de diálisis en Puerto Rico y Estados Unidos. El especialista señaló que el daño renal puede tardar entre 10 y 20 años en desarrollarse.
Asimismo, recordó que la diabetes es uno de los principales factores de riesgo para infartos, trombosis, enfermedad vascular periférica e incluso amputaciones.
El experto enfatizó la importancia de identificar el síndrome metabólico antes de que se desarrollen enfermedades más graves.
Entre los principales criterios se encuentran: Obesidad abdominal, hipertensión arterial, triglicéridos elevados y glucosa elevada.
La presencia de tres de estos cinco factores permite identificar el síndrome metabólico, una señal de alerta para intervenir tempranamente.
El endocrinólogo aseguró que pequeñas reducciones de peso pueden tener un impacto significativo sobre la salud metabólica.
Según explicó, perder alrededor del 10 % del peso corporal puede disminuir el riesgo de progresar de prediabetes a diabetes y contribuir al control de la presión arterial, los lípidos y el riesgo cardiovascular.
Sin embargo, insistió en que los cambios en el estilo de vida siguen siendo la herramienta más importante para combatir el síndrome.
Aunque actualmente no existen medicamentos aprobados específicamente para el síndrome cardiovascular-renal-metabólico, sí hay tratamientos para sus diferentes componentes, como la obesidad, la diabetes, la hipertensión y la enfermedad renal.
Entre ellos se encuentran medicamentos inyectables y orales que ayudan al control del peso y de la glucosa. No obstante, el especialista advirtió que estos tratamientos no sustituyen la alimentación saludable ni la actividad física.
"Estos agentes no son una pastilla mágica", señaló.
Finalmente, Baco destacó la necesidad de una atención integral que incluya endocrinólogos, cardiólogos, nefrólogos y otros profesionales de la salud.
La comunicación entre especialistas, afirmó, es fundamental para garantizar tratamientos coordinados y evitar que una terapia interfiera con otra.
Como mensaje final, recomendó realizar controles médicos periódicos, vigilar la presión arterial, la glucosa y el peso corporal, y mantener hábitos saludables para reducir el riesgo de desarrollar complicaciones cardiovasculares, renales y metabólicas.