El sangrado gastrointestinal superior es una de las urgencias más frecuentes en los servicios de emergencia, con una incidencia que alcanza hasta 150 casos por cada 100.000 habitantes al año.

Un hombre de 45 años con enfermedad renal crónica en hemodiálisis ingresó con aparente hematemesis e inestabilidad hemodinámica. Aunque el cuadro sugería un sangrado gastrointestinal superior, los estudios endoscópicos fueron inconclusos.
La tomografía torácica y la broncoscopia confirmaron una hemorragia pulmonar secundaria a trombosis de la vena cava superior, evidenciando un diagnóstico poco frecuente que puede imitar una emergencia digestiva.
La endoscopia digestiva alta mostró várices esofágicas pequeñas y gastropatía erosiva, pero sin sangrado activo que justificara la gravedad del cuadro. Este hallazgo obligó a ampliar el enfoque diagnóstico, considerando causas no gastrointestinales.
En este contexto, la tomografía computarizada de tórax reveló un hallazgo clave: trombosis de la vena cava superior con abundante circulación colateral mediastínica. Además, se evidenciaron áreas de consolidación alveolar compatibles con hemorragia pulmonar y un derrame pleural derecho.
La broncoscopia fue determinante al identificar sangrado activo en el árbol bronquial derecho con presencia de coágulos adheridos, confirmando que la fuente del sangrado era respiratoria y no digestiva.
Este fenómeno explica cómo la sangre proveniente del tracto respiratorio puede ser deglutida o expulsada durante episodios de arcadas, simulando una hematemesis y generando confusión diagnóstica.
La trombosis de la vena cava superior genera aumento de la presión venosa proximal, lo que favorece la formación de vasos colaterales frágiles en el mediastino y árbol bronquial. Estos vasos pueden romperse y provocar hemorragia pulmonar.
En pacientes con enfermedad renal crónica, este riesgo se incrementa debido a la disfunción endotelial, el estado protrombótico y el uso repetido de accesos vasculares, factores que contribuyen al daño vascular y la formación de trombos.
Este caso pone en evidencia una trampa clínica relevante: la hemorragia pulmonar puede simular un sangrado digestivo, especialmente en pacientes críticos o intubados.
De hecho, hasta el 15 % de los casos sospechosos de sangrado gastrointestinal superior no tienen una fuente identificable en la endoscopia inicial.
La ausencia de signos clásicos del síndrome de la vena cava superior, como edema facial o circulación colateral visible, contribuyó a retrasar el diagnóstico correcto.
El paciente fue manejado en unidad de cuidados intensivos con soporte ventilatorio, hemodinámico y evaluación por neumología, hematología y radiología intervencionista. La anticoagulación fue diferida inicialmente debido al alto riesgo hemorrágico, mientras se planificaba una intervención dirigida como trombectomía.
Tras estabilización clínica, el paciente mostró mejoría progresiva y fue trasladado fuera de cuidados intensivos.
Este caso, según Oscar Molina Lizama et al., resalta la importancia de considerar causas extraintestinales en pacientes con sospecha de sangrado digestivo cuando los hallazgos endoscópicos no son concluyentes. En particular, en pacientes en hemodiálisis con antecedentes de accesos venosos centrales, la trombosis de la vena cava superior debe incluirse dentro del diagnóstico diferencial.
La integración de estudios de imagen y broncoscopia resulta fundamental para identificar la fuente real del sangrado, evitar procedimientos innecesarios y dirigir un tratamiento oportuno y específico.