Un paciente de 12 años ingresó con edema facial progresivo, disminución de la diuresis, hematuria macroscópica e hipertensión arterial. Los hallazgos clínicos y de laboratorio confirmaron un síndrome nefrítico agudo secundario a glomerulonefritis postestreptocócica, con evolución favorable tras tratamiento y vigilancia hospitalaria.

Paciente masculino de 12 años es llevado al servicio de emergencias por presentar edema progresivo en el rostro, disminución importante de la cantidad de orina, cambio en la coloración de la orina a un tono marrón oscuro tipo 'coca-cola', cefalea intensa y malestar general. La madre refiere que los síntomas comenzaron cinco días antes del ingreso y han empeorado de manera gradual, afectando las actividades habituales del paciente.
Historia de la enfermedad actual
El paciente se encontraba previamente sano hasta dos semanas antes, cuando presentó un cuadro de faringoamigdalitis caracterizado por fiebre, odinofagia y exudado amigdalino. Recibió tratamiento sintomático en casa sin completar antibióticos. Aproximadamente diez días después inició edema palpebral matutino, el cual progresó durante el día y posteriormente se extendió a miembros inferiores. La madre observó disminución de la diuresis, aumento de peso cercano a 3 kg y orina oscura persistente. Además aparecieron cefalea, fatiga, pérdida del apetito y dolor lumbar leve. Niega vómitos, diarrea o antecedentes traumáticos.
Antecedentes
No presenta antecedentes patológicos personales de importancia, alergias medicamentosas, enfermedades renales previas ni hospitalizaciones. Esquema de vacunación completo. Desarrollo psicomotor adecuado y antecedentes familiares negativos para enfermedades renales hereditarias.
Examen físico
Paciente consciente, orientado y cooperador. TA 150/95 mmHg, FC 96 lpm, FR 20 rpm, temperatura 36.8 °C y saturación de oxígeno de 98%. Se evidencia edema periorbitario importante y edema blando con fóvea en ambos miembros inferiores. La piel presenta palidez leve. A la auscultación pulmonar se identifican crépitos bibasales discretos compatibles con sobrecarga hídrica. El examen cardiovascular muestra ruidos cardíacos rítmicos sin soplos. Abdomen blando, depresible y no doloroso. No hay signos meníngeos ni déficit neurológico.
Laboratorios
El examen general de orina mostró hematuria macroscópica con abundantes eritrocitos dismórficos, proteinuria de 2+, cilindros hemáticos y densidad urinaria elevada. La creatinina sérica fue de 1.6 mg/dL y el BUN de 38 mg/dL, indicando disminución de la función renal. El complemento C3 se encontró disminuido y los títulos de antiestreptolisina O elevados, hallazgos compatibles con glomerulonefritis postestreptocócica. La biometría hemática mostró hemoglobina de 11.2 g/dL con leucocitos y plaquetas normales.
Diagnóstico
Con base en la historia clínica, la exploración física y los estudios complementarios, se estableció el diagnóstico de síndrome nefrítico agudo secundario a glomerulonefritis postestreptocócica. La presencia de hematuria, edema, hipertensión arterial, oliguria, deterioro leve de la función renal y disminución del complemento apoyan firmemente este diagnóstico.
Tratamiento
El paciente fue ingresado para vigilancia estrecha. Se indicó restricción de sodio y líquidos, control estricto del balance hídrico, monitorización continua de la presión arterial y de la función renal. Se administró furosemida para controlar la sobrecarga de volumen y un antihipertensivo para mantener cifras tensionales adecuadas. Debido al antecedente de infección estreptocócica reciente se completó tratamiento con penicilina benzatínica. Se realizaron controles seriados de creatinina, electrólitos y examen de orina.
Evolución
Durante los primeros días de hospitalización el paciente presentó incremento progresivo de la diuresis, disminución del edema facial y periférico y mejor control de la presión arterial. Los niveles de creatinina descendieron de manera gradual y la hematuria comenzó a resolverse. Fue dado de alta al séptimo día con indicaciones de dieta hiposódica, seguimiento por nefrología pediátrica y controles periódicos de función renal y presión arterial. En la revisión realizada un mes después permanecía clínicamente estable, con desaparición casi completa de la hematuria y recuperación satisfactoria.