El daño en los riñones no siempre se queda en los riñones. La enfermedad renal crónica está estrechamente relacionada con el riesgo cardiovascular, mientras Puerto Rico enfrenta dificultades para conocer con precisión cuántas personas viven con estas condiciones.

Cuando se habla de enfermedad renal, la atención suele concentrarse en la función de los riñones, la progresión de la enfermedad y en los casos más avanzados, la necesidad de diálisis o trasplante. Sin embargo, existe otro órgano que también puede verse seriamente comprometido: el corazón.
“El paciente de enfermedad renal, de lo que realmente muere es de una enfermedad cardiovascular. Hay una estrecha relación entre la enfermedad cardiovascular y las enfermedades renales”, explicó el Dr. Josué Castresana, presidente de la Sociedad Puertorriqueña de Nefrología.
La relación no es casual. A medida que disminuye la función renal pueden aparecer alteraciones que afectan al sistema cardiovascular, mientras condiciones como la hipertensión y la diabetes pueden contribuir tanto al deterioro de los riñones como al desarrollo de enfermedad cardiovascular.
La enfermedad renal y la cardiovascular comparten varios factores de riesgo, entre ellos la diabetes y la hipertensión. Además, la progresión de la enfermedad renal puede generar cambios metabólicos y vasculares que aumentan la vulnerabilidad cardiovascular.
En pacientes que ya necesitan diálisis, el riesgo es particularmente importante. Una revisión reciente señala que las personas sometidas a hemodiálisis pueden presentar un riesgo de muerte cardiovascular entre 10 y 30 veces mayor que la población general, debido a la combinación de factores de riesgo tradicionales y propios de la enfermedad renal avanzada.
Los riñones cumplen funciones esenciales para mantener el equilibrio de líquidos y minerales, eliminar productos de desecho y participar en la regulación de la presión arterial. Cuando su funcionamiento se deteriora, las consecuencias pueden extenderse a otros sistemas del organismo.
“Las condiciones que son originarias de riñón y las enfermedades renales, cuando se enferma un sistema, no se pueden aislar y siempre hay una afectación a otros sectores”, señaló Castresana en la Convención anual de la sociedad Puertorriqueña de Nefrología.
La evidencia científica respalda esta conexión. Incluso en etapas tempranas de la enfermedad renal crónica se ha observado un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular, mientras que los pacientes que necesitan hemodiálisis presentan un riesgo cardiovascular particularmente elevado.
La dimensión del problema adquiere otra perspectiva cuando se observa a los pacientes que ya han llegado a una etapa avanzada de enfermedad renal. Un estudio posterior que analizó pacientes sometidos a diálisis en Puerto Rico también identificó a la enfermedad cardiovascular como una de las principales complicaciones asociadas con esta población.
“En Puerto Rico tenemos más de 6 mil pacientes con diálisis, la gran mayoría de los pacientes se mueren de enfermedad cardiovascular y esto muchas personas lo desconoce”, afirmó Castresana.
La cifra de pacientes en diálisis debe entenderse dentro de un contexto más amplio. Datos históricos del Sistema de Datos Renales de Estados Unidos y del registro utilizado para pacientes en diálisis mostraron que Puerto Rico experimentó un incremento importante en la incidencia y prevalencia de enfermedad renal terminal entre 2000 y 2008. En ese periodo, la prevalencia aumentó 27,3 %, mientras la diabetes se convirtió en la principal causa de enfermedad renal terminal.
“En la actualidad tenemos en Puerto Rico casi 150 nefrólogos y con la dinámica que nos brinda el sistema de salud, podemos observar a mucha más gente enferma. Entiendo que hemos pasado por un período donde las enfermedades han aumentado”, expresó.
Directorios médicos actuales sitúan el número de nefrólogos registrados en Puerto Rico en una cifra cercana a esa estimación, aunque estas bases no necesariamente equivalen a un registro oficial de especialistas activos ni permiten establecer su distribución efectiva o disponibilidad para atender pacientes.
La experiencia de Puerto Rico muestra que existen datos sobre pacientes en diálisis y enfermedad renal terminal, así como investigaciones epidemiológicas que han documentado la carga de estas condiciones. Sin embargo, contar con información actualizada y sistemática sobre toda la población con enfermedad renal permitiría conocer mejor dónde están los pacientes, cuáles son sus principales factores de riesgo y en qué momento de la enfermedad están siendo identificados.