El marasmo es una forma grave de desnutrición energético-proteica que se produce como consecuencia de una deficiencia prolongada de energía y nutrientes. Se presenta con mayor frecuencia en niños pequeños, especialmente durante los primeros años de vida, cuando los requerimientos nutricionales son elevados y una alimentación insuficiente puede afectar rápidamente el crecimiento y desarrollo.

Esta condición se caracteriza principalmente por una pérdida marcada de peso, tejido adiposo y masa muscular. A diferencia del kwashiorkor, el marasmo generalmente no presenta edema, debido a que existe un déficit energético global que provoca una utilización progresiva de las reservas corporales. El niño puede presentar una apariencia extremadamente delgada, piel seca, prominencia de las estructuras óseas, debilidad, retraso del crecimiento y mayor susceptibilidad a las infecciones.
El diagnóstico requiere una valoración clínica y antropométrica completa, además de la identificación de factores relacionados con la alimentación, las condiciones socioeconómicas y la presencia de enfermedades asociadas. El tratamiento debe ser cuidadoso y progresivo, debido al riesgo de complicaciones metabólicas durante la recuperación nutricional
Se presenta el caso de un paciente masculino de 14 meses de edad, llevado por su madre a la consulta de Pediatría debido a pérdida progresiva de peso, falta de apetito y retraso evidente del crecimiento. La madre refiere que aproximadamente cuatro meses antes de la consulta comenzó a notar que el niño estaba perdiendo peso y que sus extremidades se encontraban cada vez más delgadas.
También refiere disminución de la actividad habitual, menor interés por los alimentos y episodios frecuentes de diarrea. Durante las últimas semanas el niño se encontraba más débil y pasaba gran parte del día con poca actividad.
El paciente nació producto de un embarazo de 38 semanas, mediante parto vaginal, sin complicaciones importantes durante el período neonatal. Su peso al nacer fue de 2,900 gramos. Recibió lactancia materna exclusiva durante aproximadamente dos meses. Posteriormente se inició la alimentación complementaria, pero de forma irregular. La madre refiere que la alimentación habitual del niño consiste principalmente en pequeñas cantidades de arroz, caldo y otros alimentos de bajo aporte nutricional. El consumo de carnes, huevos, leche, frutas y vegetales es escaso.
La familia presenta dificultades económicas que han limitado la disponibilidad y variedad de los alimentos. Durante los últimos meses el niño ha presentado varios episodios de diarrea e infecciones respiratorias. No existen antecedentes conocidos de enfermedades crónicas, intervenciones quirúrgicas ni alergias medicamentosas.
El paciente es producto de un embarazo controlado de 38 semanas de gestación. No se reportaron complicaciones importantes durante el embarazo ni durante el parto. Recibió lactancia materna durante los primeros meses de vida, pero posteriormente la alimentación complementaria fue insuficiente en cantidad y variedad.
Presenta antecedentes de episodios recurrentes de diarrea e infecciones respiratorias. El esquema de vacunación se encuentra incompleto para su edad. No existen antecedentes familiares relevantes de enfermedades metabólicas o genéticas conocidas.
A su llegada al servicio de Pediatría, el paciente se encuentra consciente, pero hipoactivo y con marcada apariencia de desnutrición. Presenta una constitución extremadamente delgada, con pérdida evidente del tejido adiposo subcutáneo y disminución importante de la masa muscular. Presenta facies característica de desnutrición, con ojos relativamente prominentes y apariencia envejecida.
· Temperatura: 36,5 °C
· Frecuencia cardíaca: 118 lpm
· Frecuencia respiratoria: 30 rpm
· Saturación de oxígeno: 98 %
· Presión arterial: 82/50 mmHg
El marasmo se desarrolla como consecuencia de una deficiencia prolongada de energía y nutrientes. Cuando el organismo no recibe suficientes calorías para cubrir sus necesidades metabólicas, comienza a utilizar sus reservas energéticas. Inicialmente se utilizan las reservas de glucógeno.
Posteriormente aumenta la movilización de los depósitos de grasa, que son utilizados como fuente de energía. Cuando la deficiencia nutricional continúa, el organismo comienza a utilizar proteínas, principalmente provenientes del músculo.
Este proceso provoca una pérdida progresiva de masa muscular y tejido adiposo subcutáneo, dando lugar a la apariencia extremadamente delgada característica del marasmo. La desnutrición también afecta al sistema inmunológico, disminuyendo la capacidad del organismo para responder adecuadamente frente a las infecciones. Por esta razón, los niños con marasmo pueden presentar infecciones respiratorias y gastrointestinales recurrentes.
Las alteraciones intestinales pueden producir diarrea y disminuir todavía más la absorción de nutrientes, generando un círculo de desnutrición, infección y deterioro del estado general.
El principal diagnóstico diferencial es el kwashiorkor, otra forma grave de desnutrición energético-proteica. En el kwashiorkor suele predominar el edema, mientras que en el marasmo existe una pérdida extrema de peso y masa muscular sin edema generalizado.
También deben considerarse otras causas de bajo peso y retraso del crecimiento, entre ellas:
· Enfermedades gastrointestinales con malabsorción.
· Infecciones crónicas.
· Cardiopatías congénitas.
· Enfermedades endocrinas.
· Enfermedades metabólicas.
· Trastornos de la alimentación.
· Condiciones que dificulten una alimentación adecuada.
Durante los primeros días de hospitalización, el paciente recibe vigilancia médica y manejo nutricional progresivo. Se realiza control periódico de glucemia, electrolitos, hidratación y signos de infección. Después de varios días de tratamiento se observa mejoría progresiva del estado general, aumento de la actividad y mejor tolerancia a la alimentación.
Durante las semanas siguientes presenta recuperación gradual del peso y mejoría del apetito. El paciente continúa bajo seguimiento por Pediatría y Nutrición para controlar su crecimiento, desarrollo y recuperación nutricional.
El marasmo puede asociarse con diversas complicaciones, especialmente cuando es grave o no recibe tratamiento oportuno.
· Infecciones recurrentes o graves.
· Hipoglucemia.
· Hipotermia.
· Deshidratación.
· Alteraciones hidroelectrolíticas.
· Anemia.
· Retraso del crecimiento.
· Alteraciones del desarrollo psicomotor.
· Alteraciones gastrointestinales.
· Síndrome de realimentación.
El pronóstico depende de la gravedad de la desnutrición, la edad del paciente, la presencia de infecciones y alteraciones metabólicas y la rapidez con que se establezca el tratamiento. Cuando se realiza un manejo adecuado y se garantiza un seguimiento nutricional continuo, el paciente puede presentar una recuperación clínica y nutricional significativa. Sin embargo, los casos graves o prolongados pueden afectar el crecimiento y el desarrollo, especialmente cuando la desnutrición ocurre durante períodos críticos de la infancia.